Del Mat al Corazón: Diferencia entre hacer y practicar yoga.
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¿Qué impacto tiene en tu negocio? Desde las posturas físicas hasta la conexión espiritual, te llevaré en un emocionante viaje a través de la selva del emprendimiento yogui.
Quiero en esta ocasión conversar de un tema recurrente que ha captado la curiosidad de nuestros oyentes, especialmente aquellos involucrados en el negocio del yoga. Nos adentramos en una pregunta fundamental: ¿Al ver tu enseñanza como un negocio, estás haciendo yoga o practicando yoga con una perspectiva empresarial?
Estoy tomando el yoga como ejemplo, porque es el área en la que me he desenvuelto durante más de una década; pero lo que trato es aplicable no solo al yoga, sino también a otros emprendimientos y a muchos aspectos de la vida profesional. Es como estar en un viaje a través de la selva. ¡Hay tantas cosas para descubrir y explorar!
Aunque la diferencia entre «hacer yoga» y «practicar yoga» puede parecer sutil, su impacto en el éxito y la efectividad de tu negocio es significativo. Desde una perspectiva empresarial, como emprendedor o instructor, la diferencia radica en la intención, el enfoque y la profundidad de la experiencia, que son factores determinantes para la relación que los practicantes desarrollan con esta disciplina.
Cuando decimos «hacer yoga», nos referimos a la parte más visible y tangible de la práctica: las posturas físicas (asanas). Imagina esta escena: un cliente llega a tu estudio con una bolsa llena de dolencias físicas, ¡parece que lleva todo el dolor del mundo en su espalda! Pero no te preocupas, pues con tus habilidades estás preparado para llevarlo en este viaje de curación. Después de unas cuantas sesiones de posturas físicas, ese dolor empieza a ceder, y el cliente te mira con una sonrisa de alivio que va de oreja a oreja.
Las asanas son una parte importante del yoga, ya que brindan beneficios para la salud física y el bienestar general. Sin embargo, también es vital destacar que «hacer yoga» de manera aislada puede limitar el potencial transformador de esta disciplina milenaria y el abanico de posibilidades que realmente el yoga tiene para ofrecer.
Muchos instructores se centran en esta forma de práctica, creando una real conexión con las personas, porque esto es lo que desean transmitir y lo que sus clientes buscan en el yoga. Y no es solo eso, cuando intentas enseñarles algo sobre la importancia de la respiración consciente, por ejemplo, algunos de ellos se quedan mirándote como si estuvieras hablando en una lengua extraterrestre. Cuando «haces yoga» el enfoque principal está en el aspecto físico del yoga, como mejorar la flexibilidad, fortaleza, equilibrio y coordinación. Aclaro que esto es meramente factual… recuerda, siempre, cada instructor tiene su público y si esta es la forma en que has decidido compartir el yoga, pues asúmelo plenamente.
Ahora, aquí es donde entra en juego el concepto de «practicar yoga», a mi entender, clave para desbloquear el verdadero potencial de tu negocio. «Practicar yoga» implica sumergirse en cada asana con plena conciencia, prestando atención a la respiración y manteniendo una actitud de apertura y gratitud. Se trata de alentar a tus alumnos a ver el yoga como una práctica integral, que va más allá de las posturas físicas.
Tu negocio de yoga puede transformarse al adoptar esta mentalidad. No se trata solo de impartir clases, sino de ofrecer una experiencia más profunda y enriquecedora. Cuando «practicas yoga» en tu negocio, tu enfoque se extiende más allá de la esterilla (yoga mat). Se convierte en una filosofía que impregna cada aspecto de tu vida profesional y personal.
Ahora, piensa en la persona que viene en busca de algo más, como una conexión espiritual o un escape del estrés cotidiano. Estos, a veces, te sorprenden con preguntas que te dejan boquiabierto, como una vez alguien que me preguntaba «¿Profesora, puedo traer mi cristal energético a la clase?» o en otra ocasión que me dijo «¿Puedes enseñarme a hacer yoga mientras sostengo una copa de vino?» y otras tantas preguntas poco convencionales. Sí, sí, sucede, te lo aseguro!
Cuando hablo de «practicar yoga» implica llevar la tranquilidad y conciencia que se encuentra durante la práctica a las relaciones, las decisiones y los desafíos diarios. Cuando practicamos yoga, podemos descubrir una conexión más profunda con nuestro ser interior y entender mejor nuestras emociones y pensamientos. Nos permite cultivar la autocomprensión y, a medida que crecemos en la práctica, podemos encontrar mayor equilibrio y armonía en nuestra vida. Pasas a aplicar los principios éticos y filosóficos del yoga en la toma de decisiones empresariales y fomentas una cultura basada en la compasión y el crecimiento personal. Llevar un negocio con este concepto se alineará perfectamente con «practicar yoga».
Alienta a tus alumnos a ver tu negocio como una herramienta para el crecimiento personal y el desarrollo espiritual. Al hacerlo, generarás una mayor lealtad y compromiso con tu marca, atraerás a nuevos alumnos y fomentarás una comunidad comprometida con el bienestar y el crecimiento integral.
A lo largo de mi trayectoria como instructora, he tenido el privilegio de guiar a cientos de personas, y la mayoría de ellas llegan en busca de alivio para sus dolencias físicas. Aunque es maravilloso ver cómo el yoga puede ser una poderosa herramienta para mejorar la salud física, también he notado que son pocos los que buscan una conexión más profunda en esta práctica.
Sin embargo, en mi rol como instructora, me comprometo a llevar a mis alumnos por el camino que desean recorrer, brindándoles las herramientas para abordar sus necesidades y metas específicas. Al mismo tiempo, me enorgullece presentarles las diversas vías que el yoga ofrece, ya que en diferentes momentos de nuestras vidas, podemos ver y experimentar cosas distintas, como cuando volvemos a leer un libro y descubrimos nuevos significados en sus páginas.
Recuerdo a una alumna desbordante de energía, más que el conejo de una famosa marca de baterías, y altamente competitiva, lista para las próximas olimpiadas cada día. Ella solía venir solo por las posturas, pero un día, algo hizo clic en su cabeza. ¡Decidió explorar la meditación! Ahora es toda una yogui zen, y juntas nos reímos de su transformación de «guerrera de posturas» a «maestra de la calma interior»… y, cualquier similitud con esta anfitriona es pura coincidencia.
En el contexto empresarial, la comprensión de la diferencia entre «hacer yoga» y «practicar yoga» puede marcar la diferencia entre ofrecer simplemente clases de yoga y brindar una experiencia más profunda y significativa que crea una real conexión con tu emprendimiento. Como emprendedor en el mundo del yoga, tienes la responsabilidad de educar y guiar hacia una práctica más significativa, donde «hacer yoga» se transforme en «practicar yoga». Esta es la clave para desbloquear el auténtico potencial transformador del yoga y llevar tu negocio hacia nuevos niveles de éxito y prosperidad.